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La anchas y extensas tierras de Castilla tienen rincones en donde el soplo de la Edad Media sigue campando con su banderola de calles, callejuelas y monumentos. Plazas fuertes, torres regias y fortalezas copan el horizonte de esta dehesa de pasados milenarios.
A unos 45 kilómetros de Valladolid, acunada entre los ríos Eresma y Adaja, y besando el aire en sus olmos, duerme el letargo de los siglos Olmedo, cuna de caballeros y motivo de inspiración de grandes escritores de la época. ¿Sabéis el dicho de Olmedo de los siete sietes?. Siete pueblos, siete conventos, siete iglesias, siete plazas, siete arcos, siete fuentes y siete casas señoriales.
Si hacemos caso a este incomparable legado, más nos bastaría quedarnos un fin de semana por esta zona y contemplar todo lo dicho. Olmedo es pueblo de soportales, donde guarecerse de las lluvias y el sol que en verano castiga estos contornos, pueblo de casas nobiliarias, casonas con escudos de armas en su fachada, y hogar de mil y un recovecos en los que perdernos.

Pasear por el centro histórico de Logroño, como toda gran urbe medieval, es un verdadero placer. Podemos encontrarnos un laberinto de callejuelas, que desembocan en bellas plazas, y en ocasiones, en iglesias, monumentos y museos.
En esta ocasión donde desembocamos es muy cerca del Parlamento de La Rioja, concretamente en lo que se conoce como el Cubo del Revellín.
No sé si sabéis que Logroño, a comienzos del siglo XVI, era uno de los principales bastiones defensivos del reino de Navarra. Por tanto se trataba de una ciudad fuertemente fortificada. Uno de los restos de aquella fuerte defensa logroñesa es este Cubo del Revellín, construido entre los años 1522 y 1524. Su nombre viene precisamente de su forma, la de un cubo defensivo.

La mayoría de turistas se acercan a Sierra Nevada en invierno, para disfrutar de sus pistas de esquí. Sin embargo, yo diría que cualquier época del año es buena para visitar esta zona, porque Sierra Nevada no sólo son pistas de esquí y deportes de invierno.
Sierra Nevada es una gran cantidad de pueblos pintorescos, blancos, que se extienden por sus estribaciones.
Es el caso de nuestro protagonista de hoy, La Calahorra, a sólo 17 kilómetros al sur de Guadix, y en su momento capital del Señorío de Rodrigo de Mendoza. Fue precisamente él quien mandó construir para su segunda esposa, María de Fonseca, el fabuloso castillo renacentista que se levanta sobre el pueblo, monumento histórico nacional, y que ahora visitaremos.

Cuánta historia encierra la capital del antiguo reino de León. Pasear unos minutos por sus calles es trasladarnos en el tiempo, un viaje que nos lleva siglo a siglo a buena parte de la historia más importante de esta España nuestra, tan monumental y tan valiosa. Calles que desembocan en plazas y templos, correrías de caballeros e hidalgos, nobles venidos tal vez a menos, y algún que otro monarca a la espera de mejores tiempos.
Callejeando desde la espectacular Catedral de León por la calle de San Pelayo y la de Serranos, volcamos nuestra mirada en la gran plaza empedrada de San Isidoro. Allí, desde el mismo siglo XI, testigo de tantas y tantas historias, mitos y leyendas tal vez, se levanta orgullosa la Basílica de San Isidoro, también conocida como Real Colegiata de San Isidoro.
Si os gusta el románico, como a mí, aquí estará vuestra iglesia favorita desde el momento en el que la visitéis. Fue Doña Sancha, esposa del rey Fernando I, quien en el siglo XI quiso construir, como Dios manda, nunca mejor dicho, una verdadera iglesia para albergar los restos de San Isidoro de Sevilla. Años más tarde sería Doña Urraca la que se encargara de la reconstrucción.

Queremos hoy visitar uno de los museos más curiosos e interesantes del panorama cultural español. Y lo hacemos estando de enhorabuena, ya que el próximo mes de septiembre estará de cumpleaños.
Serán ya diez los años que llevará abierto al público el Museo Chillida Leku de San Sebastián. Un museo al aire libre, que recoge las obras más importantes del genial artista vasco Eduardo Chillida.
El museo en sí no se encuentra en la ciudad de San Sebastián, sino a unos diez kilómetros de ella, en Hernani, concretamente en el caserío Zabalaga, de finales del siglo XVI. Allí tendréis la posibilidad de contemplar hasta 40 esculturas y más de un centenar de obras de pequeño formato y dibujos del artista, en un recorrido de unas doce hectáreas.

En más de una ocasión os he demostrado aquí mi cariño y devoción por una ciudad tan histórica y monumental como es Tordesillas, en la provincia de Valladolid. Y es que Tordesillas ha sabido guardar su legado y su patrimonio como oro en paño, para poderlo hoy mostrar a todos los que tenemos el gusto de acercarnos hasta ella.
Hoy nos queremos detener en la Plaza Mayor de Tordesillas, centro neurálgico de la ciudad, hervidero de gente durante las mañanas, que van y vienen de un lado para otro, en sus quehaceres diarios. El aire castellano que impregna la plaza se identifica en su fisonomía totalmente cuadrada y en sus soportales, en donde antiguamente se llevaba a cabo el mercadillo tradicional.
El aspecto que tiene ahora es el mismo, salvando las distancias y alguna que otra reforma claro está, que tendría entre los siglos XVI y XVII. Sobrias columnas sostienen el cuerpo de dos plantas que tienen las casas de la plaza. Grandes balconadas de madera, galerías que parecen correr dando vueltas sobre la plaza. Uno de estos edificios es precisamente el Ayuntamiento de Tordesillas.

Veníamos bastante impresionados después de haber tenido la gran suerte de visitar el Monasterio de San Juan de la Peña. Uno piensa que, después de un lugar así, parece que pocas cosas más te pueden deparar el día. Sin embargo, todo no había acabado. Muy cerca del monasterio, camino de Puente la Reina, donde teníamos nuestro alojamiento, nos encontramos con Santa Cruz de la Serós.
Se trata de un pequeño pueblo de la provincia de Huesca, dormido junto al río Aragón, declarado Conjunto Histórico Artístico del Camino de Santiago. Nada más entrar en el pueblo nos quedamos absortos ante uno de sus principales atractivos. Se trata de la imponente Iglesia de Santa María, del siglo XII, antiguo monasterio femenino.
La primera gran impresión que te llevas de esta iglesia es su espectacular torre-camapanario, y su portada, similar a la de la Catedral de Jaca. Es de esas iglesias de una sola nave que en muchas ocasiones ya os he dicho que me encantan. Es impresionante encontrar algo así en un pequeño pueblo como éste, en medio de tanta naturaleza. No podéis dejar de visitarlo, sin duda.

Hace unas semanas tuvimos la suerte de pasar un fin de semana de turismo rural en la provincia de Barcelona. Soy de los que gustan irse de escapada en esta época, a salir un poco de la rutina, sin entrar en el estrés de las grandes ciudades. Nos fuimos hasta el pequeño pueblo de Gualba, a unos cincuenta kilómetros de Barcelona.
Lo mejor de todo es que nos alojamos en el Hotel Masferrer, en pleno Parque Natural del Montseny, una preciosa masía catalana de finales del siglo XIII. No conocía mucho este lugar, pero la verdad que me llevé una impresión maravillosa, altamente recomendable.
Se trata de un hotel familiar, muy íntimo y acogedor. Rodeados de un maravilloso jardín y un bosque, el hotel cuenta también con una piscina, abierta durante la temporada de verano.

Siempre que voy a Madrid me encanta pasear por sus callejuelas, mucho más que por las amplias avenidas, en donde el tráfico no deja disfrutar mucho que digamos del momento.
El centro histórico de la capital de España nos traslada a otros tiempos, nos cuelga en la imaginación historias, mitos y leyendas, de reyes, condes y toda la nobleza que una vez hubo en nuestro país.
Busco siempre en el callejear algún instante de la Plaza Mayor de Madrid. Entrar por cualquiera de sus arcos practicados, y buscar rápidamente el sol que caracolea dentro. Siempre que entro dirijo la mirada a aquel edificio tan pintoresco, con sus chapiteles puntiagudos, que tanto y tanto me ha llamado la atención. No es otro que la Casa de la Panadería.

Ni que decir tiene que la historia de España está estrechamente vinculada con los musulmanes. La huella de los árabes está incrustada en casi la totalidad de pueblos españoles. Hoy nos ocupa precisamente uno de los lugares en donde estas huellas tienen una belleza indudable. Además, es alojamiento, y de los buenos. Se trata del Parador Nacional de Tortosa.
No os preocupéis por llegar, ya que el parador apenas se halla a un kilómetro de la estación den tren de Tortosa. De todas maneras, si queréis alquilar un coche para recorrer los alrededores, también se puede hacer sin ningún problema.
La antigua fortaleza de Tortosa, levantada por los musulmanes sobre el siglo VIII, y conquistada por los cristianos en el XII, es hoy el Parador de Turismo de la ciudad. Aún así, los musulmanes intentaron en más de una ocasión reconquistar la ciudad sin éxito.