Pamplona, algo mas que San Fermín

Plaza del Castillo en Pamplona

Dicen, y es totalmente cierto, que hablar de Pamplona es hablar de sus fiestas mayores de San Fermín, fiestas por las que se conoce a la ciudad en el mundo entero, cuando se convierte en una auténtica explosión de algarabía y las calles se abarrotan día y noche con sus encierros, sus fiestas y su colorido. Pero una ciudad no sólo son los acontecimientos que la rodean, y Pamplona es un claro ejemplo de ello. Hoy queremos enseñaros Pamplona, esa ciudad que es algo más que sus fiestas de San Fermín.

Pamplona tiene el verdadero encanto de ser una ciudad moderna y antigua a la vez, una ciudad de 180.000 habitantes, generosa con sus visitantes, hermosa. Aquí acampó el general romano Pompeyo en el año 75 d.C con sus tropas, y le dio el nombre de Pompaelo a la ciudad romana que fundó en el asentamiento. Ciudad arrasada por los bárbaros siglos más tarde, no pasó a ser española hasta 1512. Hoy en día es un placer para los sentidos pasearla, vivir el acierto de un lugar encantador, rodeada de jardines.

El caso histórico de Pamplona tiene su epicentro en la Plaza del Castillo. De ella parten estrechas y concurridas callejuelas que van a parar a otros bellos rincones de la ciudad. La Plaza del Castillo fue antiguamente lugar de celebración de torneos medievales, incluso plaza de toros hasta 1844. Es el centro de Pamplona, allí donde la gente se sienta en sus bancos a conversar, en sus terrazas, completamente rodeada de una espesa arboleda.

Desde ella, bajando por la Chapitela, llegamos a la Plaza del Ayuntamiento. Es francamente conocida, sobre todo abarrotada de público, porque desde el balcón del edificio consistorial tienen lugar los famosos chupinazos que dan inicio a las Fiestas de San Fermín en Julio. Una cuesta empinada nos sale al paso, la de Santo Domingo, lugar principal de los encierros de las fiestas, y donde, en una pequeña hornacina, San Fermín recibe los cantos de los mozos antes de los encierros. Así llegamos al Museo de Navarra, compuesto de obras de arte medieval, renacentista y barroco, así como representaciones religiosas de los artistas navarros de los siglos XIX y XX.

Por la curva de Mercaderes, también famosa por los encierros, y pasando la Calle Curia , llegamos a la Catedral de Santa María la Real. Sus torres son sencillamente preciosas, así como su interior, de estilo gótico, diferente por completo a su fachada de estilo neoclásico. Pero donde nos detenemos es en el Claustro francés, reconocido como uno de los más hermosos de Europa. Destaca por su arquitectura, su paz, sus corredores. En la misma Catedral visitamos el Museo Diocesano, en la entrañable Plaza de San José.

Calle la Estafeta

Detrás de la Catedral asoma la antigua muralla de Pamplona, quedando visible el Portal de Francia, puerta de entrada de los Peregrinos a Santiago de Compostela. Desde allí podemos contemplar quizás la calle más famosa de Pamplona, la Estafeta, la emblemática calle por donde cada año los mozos buscan la Plaza de Toros en sus carreras delante de los astados. En ella destacan la Casa de los Itúrbide y el Palacio de los Goyeneche.

Al fondo de la Estafeta nos espera Hemingway. Aquí se aprecia mucho la figura del escritor americano pues fue un amante de las Fiestas de San Fermín, relatándolas en algunos de sus libros. La Plaza de Toros da lugar a la Avenida Carlos III, con el Monumento a los Caídos y el Palacio de Navarra. Podemos terminar nuestra visita muy cerca, en el Paseo Sarasate, una muestra del verdor de esta ciudad que, junto con el bellísimo Jardín de Taconera, alojan numerosas especies, entre ellas ciervos, pavos reales, gansos…

Como véis, Pamplona no son sólo sus Fiestas de San Fermín. No hay que dejar de visitarlas, por supuesto, pero no os creáis que Pamplona duerme el resto del año. Es un lugar singular, propio para un fin de semana relajante.

Cómo llegar

Podemos llegar hasta el Aeropuerto de Pamplona, que se encuentra a 8 kilómetros de la ciudad. La única contrariedad es que no existe transporte público hasta el aeropuerto, sólo una línea de autobús o bien en taxi o en coche. Cada día, 5 vuelos llegan a Pamplona desde Madrid y Barcelona.

En tren, desde Madrid, se tardan unas 3 horas y media, por un precio de 50 euros . Desde Barcelona, se tarda unas 6 horas en llegar a la ciudad. La estación de tren de Pamplona está a las afueras de la ciudad, pero aquí sí existen autobuses que conectan la terminal con el centro. Aquí podéis consultar los trenes que llegan a Pamplona y sus horarios.

La estación de autobuses de Pamplona se encuentra en el centro de la ciudad, y durante las Fiestas de San Fermín se habilita incluso otra terminal en la Plaza de San Francisco.

Para saber más…

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  1. toc,toc,toc. dice:

    pamplona es una de las ciudades con mas encanto que existen
    sus jentes son una pasada en sinpatia y sus jardines de lo mas y yo naci en pamplona me crie en cataluña y estoy en aragon y creo que aqui acabare mis dias no obstante no hay dia que no piense en envejecer en pamplona que esta en mi corazon.

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