Briones, esencias medievales

Briones

La Rioja es, además de la cuna del castellano, la del vino y Haro, por ende, la capital del líquido elemento. Pero como no sólo de vino vive Haro, no sólo de la capital jarrera vive el vino de Rioja.

Briones (197 habitantes) es, probablemente, uno de los pueblos más hermosos de La Rioja Alta. Refleja la combinación perfecta entre pasado, presente y futuro. La dosis histórica la pone su Iglesia renacentista, el empedrado de sus calles y la majestuosidad de sus casonas. El presente corre de la mano de sus gentes, entregadas al cultivo (principal, que no exclusivamente) de la uva y el futuro corre de la mano del enoturismo con el Museo Dinastía Vivanco como principal referente.

Asentado en un cerro de casi cien metros de altura, Briones es el balcón perfecto de las hoces que describe el río Ebro en su entrada en La Rioja y ya desde sus murallas se puede presenciar el mar de viñedos que inunda la zona. De arriba abajo, como si de la descripción de cuadro se tratara, la visita a Briones ha de comenzar en la plaza. Es la ‘cota’ del municipio y su empedrado nos obliga a retroceder en el tiempo hasta escuchar los cascos de caballos rondando la villa.

Cuatro grandes construcciones acapararán el protagonismo del visitante. La espectacular iglesia y su torre, que recuerda la catedral de Logroño, la casa palacio de los Marqueses de San Nicolás, hoy Ayuntamiento de la Villa, y la fachada de la Abadía (o Casa de los Arcos) que luce en todo su esplendor, después de su restauración.

Desde la plaza, cualquier dirección es buena. Las arterías que nutren de vida al corazón de la Villa mantienen el empedrado poco recomendable para ciertos calzados y nos conducen a las Cercas, los vestigios de la antigua muralla que protegía un emplazamiento fronterizo permanentemente deseado.

Imagen de Briones

Perdiendo altura, la historia se desvanece, pero aparecen los lagares o cuevas, las tradicionales bodegas donde los habitantes de Briones elaboraron de la manera más artesanal, sus primeros caldos. Y al pie de la Villa nos encontramos con el Museo de la Cultura del Vino, un faraónico edificio propiedad de la familia Vivanco, que nos ofrece un paseo por la historia del vino que recorre 10.000 años en un escenario idílico.

Una visita perfecta en cualquier época del año, pero especialmente recomendada en la primera quincena de junio, coincidiendo con las jornadas medievales. Es entonces cuando el salto en el tiempo se hace más presente. Conventos, mansiones de la nobleza, la Inquisición, tejedoras, bordadoras y herreros salen a la calle para que el encanto de la Villa sea insuperable.

¿QUÉ VISITAR?
Palacio de los Marqueses de San Nicolás, Iglesia de la Asunción, Casona de los Gadea, “El Puntal”, en las Cercas del Torreón, Ruinas del castillo árabe, Puerta de la Villa, Casona de los Quincoces, Ermita del Cristo. También el Museo de la Cultura del Vino.

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  1. rodrigo dice:

    Es, sin duda, uno de los pueblos más chulos de La Rioja… muy recomendable

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