A Coruña, la ciudad de cristal

Playa de Riazor

Playa de Riazor y vista de la ciudad

Hoy me van a perdonar pero mi corazón se escapa a una de las ciudades a las que más cariño le tengo, sino la que más. La niña azul que sonríe tímidamente desde Finisterre, la ciudad vieja que se levanta y combate ante el empuje de las olas, la dama de las bellas galerías, la morada de los siglos y de Hércules. Hoy viajamos hasta La Coruña, el primer bastión de la belleza.

Perderse en La Coruña es uno de los mayores encantos que la vida me ha proporcionado. Los coruñeses siguen llamando la Ciudad a la parte vieja de la misma, aquella que se inicia en la Puerta Real, antigua entrada a la ciudad a través de sus murallas. El saludo de la Iglesia de Santiago, la más antigua de la ciudad, es el reflejo de la candidez romántica de este rincón gallego. Dentro de la Iglesia está la estatua de Santiago del siglo XIII.

El callejeo por esta zona de La Coruña es sin duda sublime. Respiramos la brisa marina al fondo, adentrándonos por la Rúa de Tabernas, donde tiene su sede la Real Academia Gallega., fundada en 1905. Visitamos el Museo dedicado a Emilia Pardo Bazán en la Plaza de la Constitución, y el Palacio de la Capitanía General del siglo XVIII. Nos perdemos en la Plaza de Azcárraga, una maravillosa arboleda de plátanos y magnolios presidida por la hermosa Fuente de los Deseos. Podemos sentarnos un rato a descansar en los bancos de esta plaza y respirar el frescor que produce la sombra de los árboles y la cercanía del mar.

Desde aquí observamos la Colegiata de Santa María del Campo, la segunda parroquia más antigua de la ciudad, visitando su Museo de Arte Sacro. Frente a la fachada se alza un esbelto cruceiro y el Palacio de Cornide. Seguimos la Rúa de Herrerías para adentrarnos en un laberinto de estrechas callejuelas para llegar a la recoleta Plazuela de las Bárbaras, con sus pequeñas casas antiguas y los muros del Convento de las Clarisas y el Convento de Santo Domingo, donde, con su torre casi inclinada, se venera la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad.

La Rúa de las Tinajas nos lleva hasta el Jardín de San Carlos. Desde el mirador del jardín se divisan el puerto y la ría. Frente a la puerta principal se halla la Capilla de la Venerable Orden Tercera y el Museo Militar Regional. Tras él, el moderno edificio de la Fundación Luis Seoane, que reúne una gran colección de este pintor gallego. Así, bordeando el Hospital Militar y la antigua muralla, con la Puerta de San Miguel, se llega al Paseo Marítimo y al Club Náutico.

Desde aquí divisamos el largo dique de abrigo de Barrié de la Maza, espigón de casi 1300 metros de largo que protege el puerto y es utilizado como lugar para pescar o hacer deporte. El Castillo de San Antón ya no es aquel viejo islote en medio del mar, sino que ahora está unido a la ciudad por una franja de tierra. Esta fortaleza del siglo XVI alberga el Museo Histórico y Arqueológico.

Con esto llegamos a las preciosas Galerías de la Marina, por las que La Coruña ha sido llamada la ciudad de cristal. Siguiendo la Avenida de la Marina están la Casa de Paredes, el Gobierno Civil y el Cantón Grande, centro neurálgico, bancario y asiento de las importantes fundaciones culturales de la ciudad. A su lado, los Jardines de Méndez Núñez, poblados de palmeras y esculturas, como la de John Lennon, el Quiosco Alfonso, La Terraza, el Quiosco de la Música o La Rosaleda.

Torre de Hércules

Torre de Hércules

De aquí pasamos a la céntrica Calle Real, con abundantes galerías, y perfecto lugar para el tapeo y las cafeterías. En una calle paralela se levanta el Teatro Rosalía de Castro y la Iglesia de San Nicolás. Y al fondo de la calle, la preciosa Plaza de María Pita, nexo de unión entre el casco viejo y el nuevo. Sus soportales se rompen con la efigie colosal del Ayuntamiento, con tres torres coronadas por vistosas cúpulas.

Volviendo nuestros pasos llegamos al Paseo Marítimo del Orzán, con la Playa del mismo nombre, y a su lado las de Riazor y Matadero. Si podéis, no dejéis de subir al ascensor panorámico que sube hasta el Monte de San Pedro. Al pie de dicho monte está la pirámide Millenium. Sin salir del Paseo, llegaremos hasta la Ciudad Jardín y el Estadio de Riazor. Si continuamos el trayecto por todo el Paseo, tras atravesar la Fuente de los Surfistas, llegaremos al Domus o Museo del Hombre, único en su género, y ocupado en explicar todas las funciones y capacidades del cuerpo humano. Más adelante llegaremos al Aquarium Finisterrae, y, en medio de un parque poblado por estatuas, la colosal figura de la Torre de Hércules, anclada en el horizonte de los siglos.

Símbolo de la ciudad, es un gran faro romano de 58 metros de altura. Si os acercáis hasta ella, abrigaros bien, incluso en verano, porque siempre suele correr un fuerte viento fresco. Subiros hasta la cima y contemplar las mejores vistas de la ciudad y de las rías gallegas. Cuenta la leyenda que, en días despejados, desde esa altura se pueden contemplar las costas de Inglaterra

Para visitar La Coruña os aconsejo que lo hagáis en sus fiestas mayores, las de la Virgen del Rosario, del 1 al 8 de octubre. También son interesantes los Carnavales, con el martes de choqueiros, los desfiles de carrozas. Las hogueras de San Juan se celebran con sardiñadas en los barrios. Los grandes festejos dedicados a María Pita tienen lugar a lo largo de todo el mes de agosto, con las batallas de flores, la naval o los fuegos artificiales en la bahía.

Pero, en cualquier época del año, sobre todo en verano, lo pasaréis estupendamente en el animadísimo centro de La Coruña. Sus terrazas, bares y cafeterías invitan a degustar el famoso marisco gallego, o las caldeiradas de rape, el pulpo a feira, las empanadas, la deliciosa laconada, la zorza. Y todo bien regado con cualquier vino gallego, por ejemplo un Ribeiro. Y que no falte la tradicional queimada de aguardiente…

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  1. Ariadna dice:

    Me gusto ver este sitio, el abuelo de mi papa vivia en esta ciudad, solo que despues viajo a cuba donde formo su familia, su nombre es Manuel Piñón Piñón, si pudiera contactar con alguien de la familia para mi seria un placer poder conocer parte de la familia.

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