Medina de Pomar, el aire puro castellano

Medina de Pomar

La recuerdo con mucho frío y con la poderosa fortaleza de los Velasco oteando en el horizonte. El pueblo de Medina de Pomar fue una de las excursiones castellanas más bonitas que recuerdo. Allá adentrados en la provincia de Burgos, encontramos este rincón en el que la esencia mozárabe resplandece en muchos de sus lugares.

Llegar a Medina de Pomar y recorrer su centro histórico es hacerlo a partir de la plaza del Buen Conde de Haro, nexo de unión entre la parte antigua y la moderna. Podemos tomar entonces la calle Mayor y la de Laín Calvo para inmiscuirnos en el pasado de esta preciosa localidad. Junto a la línea de la muralla se levanta la Iglesia de Santa Cruz, del siglo XV, aunque a mí me gustó enormemente el pórtico neoclásico del XIX, que no desmerece en nada el conjunto.

Desde allí es inexcusable acercarse a la Plaza Mayor, donde figura la edificio del Ayuntamiento, de 1898, un regio monumento que se levanta sobre elegantes soportales.

Desde la plaza tenemos una preciosa vista del Alcázar de los Velasco, del siglo XIV. En su estructura destacan los grandes torreones en forma de cubo que están unidos por un cuerpo de menor altura. Hoy en día la fortaleza acoge el Museo Histórico de las Merindades.

Al salir de la fortaleza, y siguiendo el curso del río Trueba, podemos encontrarnos con el Santuario de la Virgen del Rosario, de los siglos XIII y XIV, aunque lo que más os llamará la atención será el Monasterio de Santa Clara, de 1313, convertido más tarde en panteón de la familia de los Condestables de Velasco. Hay que visitar el interior de la iglesia, con los sepulcros de los Velasco y, sobre todo, la Capilla de la Concepción, que nos recordará a la que hay en la Catedral de Burgos. Dentro del Convento se halla el Museo de los Condestables.

La verdad es que Medina de Pomar es un magnífico lugar para explorar en un día el norte de la provincia burgalesa. Nos hallaremos con interesantísimos paisajes, como el complejo subterráneo del Ojo de Guareña, o los impresionantes Cañones del Ebro y el Desfiladero de la Horada. Entre ellos hay pequeños pueblecitos que os resultarán encantadores, aunque difíciles de transitar en invierno, como Orbaneja del Castillo o Puentedey.

Medina de Pomar resulta un lugar tranquilo, apacible, donde descansar un fin de semana. Hacer parada y fonda para respirar aire puro, vivir las esencias castellanas y recorrer paisajes de notable belleza.

Tags:

Imprimir


Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top