Fortalezas y castillos en Guadalajara

Castillo de Siguenza

Destaca la provincia de Guadalajara sobre el resto de provincias castellano-manchegas en lo que a fortalezas, castillos y otros tipos de construcciones defensivas medievales se refiere. La razón para esta realidad puede encontrarse en su pasado como tierra de nadie, un incierto terreno fronterizo sometido a los continuos reajustes de territorialidad derivados de las sucesivas conquistas, pérdidas y reconquistas de territorios.

En la actualidad, las ruinas supervivientes de aquel esplendoroso y defensivo pasado medieval, jalonado de torreones y alcazabas, son un interesante reclamo turístico para aquellos viajeros con gusto por lo histórico pues, desde sus atalayas, puede rememorarse en primera persona las expediciones ofensivas y los esfuerzos por mantener a salvo terreno y propiedades frente a los ejércitos invasores.

Toda vez que el río Henares ejerció como frontera natural a lo largo de más de cuatrocientos años entre Castilla La Vieja y la Al-Andalus musulmana. Fueron precisamente estos pobladores extranjeros los que edificaron en primera instancia los diferentes puestos defensivos que se extienden a lo largo de la geografía de Guadalajara, construcciones que, posteriormente, serían consolidadas y reforzadas por manos cristianas tras la conquista de las diferentes zonas a lo largo de las cruzadas y campañas militares puestas en marcha con tal objetivo.

Fueron especialmente activas en la provincia de Guadalajara las órdenes militares de Santiago y Calatrava las cuales, según indican los libros de historia, unían a su fervor religioso un marcado interés por los privilegios de que se hacían merecedores tras servir en el campo de batalla. Privilegios que tomaban forma bajo la propiedad de extensas delimitaciones de tierras que, en aquellos tiempos, entendían incluidas las personas y bienes que las habitaban en cuanto a los diferentes tipo de impuestos y gravámenes a que se veían obligados, pagos realizados bien mediante dispendio pecuniario, bien con la entrega de un porcentaje de las cosechas.

Las fortalezas guadalajareñas son un reclamo idóneo para el viajero que disfruta con la rememoración épica del pasado y el descubrimiento de zonas fronterizas donde las distintas culturas son, al tiempo, unidad y diferencia.

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