El Monasterio de LLuc, situado en la bella sierra de la Tramuntana en Palma de Mallorca, es un remanso de paz, tranquilidad y renovación espiritual para turistas y peregrinos. Miles de personas vienen hasta aquí cada año. Sin embargo, a pesar de esta gran cantidad de gente, es un lugar muy relajante, donde disfrutaréis de la grandeza de la naturaleza.
El Monasterio de Lluc data del siglo XVII, pero ha tenido una fuerte presencia cristiana desde el siglo XIII. La zona está rodeada de rocas, árboles, bosques y cuevas escondidas, además de un antiguo camino para los peregrinos. Hay además un yacimiento prehistórico que data del siglo IV a.C y un monumento megalítico. Lluc es un lugar sagrado. Precisamente la palabra lluc, que deriva de la plabra latina lucus, significa madera sagrada.
La carretera que nos lleva hasta Lluc parte de Soller y Pollença, recorriendo un paisaje de terrazas y laderas arboladas, a una altura de 500 metros sobre el nivel del mar. El monasterio domina una cuenca natural rodeada de majestuosos picos. Su exterior es imponente, suavizado por la exhuberante vegetación del valle, los antiguos robles y los olmos.
A pesar de su remota ubicación, el monasterio rezuma vida. Es un respiro para los peregrinos que surcan estas montañas, para los senderistas y ciclistas. Sin ir más lejos, se puede reservar una habitación para pasar la noche, aunque tenéis que hacerlo con suficiente antelación. No esperéis grandes lujos, ya que las habitaciones contienen lo esencial, un escritorio, una cama y un baño.
Cada mañana podéis acudir a oir misa a la iglesia barroca del monasterio, y escuchar a los famosos niños del Coro de Lluc, con sus peculiares vestimentas azules. En la parte de atrás de la iglesia hay una pequeña capilla, donde está la Virgen de Lluc, también llamada la Moreneta. Se trata de una bella estatua de piedra tallada, de apenas 61 centímetros de alto, descubierta por un niño pastor en el siglo XV.
Hay un camino acondicionado especialmente para los peregrinos, el Camino de los Misterios del Rosario, que serpentea hasta la colina detrás del monasterio, y aparece marcado a intervalos por los distintos misterios del rosario. Esta pequeña ruta se puede hacer en unos diez minutos, aunque es más agradable que nos lleve un poco más de tiempo. Las vistas que se tienen desde la cumbres son impresionantes.
Otras opciones son visitar el Museo de Lluc, con sus hallazgos arqueológicos, sus pinturas religiosas medievales, y pinturas contemporáneas. También podemos visitar el claustro, hoy convertido en un restaurante, además de un bar. Para la caída de la tarde, contemplamos el silencio que se cierne sobre la naturaleza que rodea el Monasterio, para quedarnos absortos en la contemplación.