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El Valle del Roncal, en el extremo oriental de la comunidad navarra, corre en dirección hacia el norte, y diríamos que es profundo y oscuro, con un bosque denso y aparentemente impenetrable por sus empinadas laderas. Pero en el extremo del valle, más allá de la que se considera su capital, Isaba, el valle del río Belagua da un giro hacia el este y nos abre el valle de forma notable.
Esta zona, conocida como el Macizo de Larra, tiene importantes formaciones de roca kárstica, quizás de las mejores de Europa. La formación se ha ampliado por los efectos de la glaciación, que permite muchas horas de luz y estimula el crecimiento de los árboles a mayor altura de la habitual. Es por eso que esta zona se caracteriza por su selva virgen, con la presencia de hayas y la reserva natural del Barranco de Aztaparreta.
Nos adentramos ahora en el bosque, denso y oscuro, muy húmedo, muy diferente a lo que se halla más arriba, en los Pirineos. Resulta extraño ver aquí flores y plantas tan exóticas, como los helechos. De hecho, algunos experan ver una vegetación algo más exótica, sobre todo en el calor del verano. Pero, la gran altura de los árboles provoca que la sombra y la oscuridad apenas deje entrar los rayos del sol.
Saliendo del bosque encontramos pastores y mujeres que regresan con su ganado a la pequeña y cercana ciudad de Isaba o Roncal, que da nombre al valle. En cualquiera de estos dos puntos podemos pararnos para tomar un delicioso queso del roncal, hecho con leche de oveja.
Isaba es un poco más sombría que Roncal. Sus edificios son casi todos negros, muy antiguos, típico pueblo de los contornos. Sin embargo, la gente es muy cálida y acogedora. Saben perfectamente que el turismo es parte importante de sus vidas, y nos ofrecen lo mejor de la gastronomía navarra. Comer en estos parajes, con el sonido del agua y el horizonte del Valle del Roncal, es sencillamente maravilloso.
Foto Vía Kalipedia

