La localidad palentina de Ampudia

Ampudia

El municipio de Ampudia se encuentra justo en la llamada Tierra de Campos, al suroeste de la provincia de Palencia y a tan sólo 21 kilómetros de la capital. Esta bella localidad se halla dominada por el castillo, uno de los que mejor se conservan de toda la región, y también por la esbelta torre de la iglesia de San Miguel.

Su número de habitantes apenas ronda el millar, dedicándose mayoritariamente a tareas agrícolas. Por lo visto, el caserío nació y creció en torno a un brote de agua en medio de una espesa vegetación. Precisamente por eso los romanos la denominarían Fons Pudica o fuente de aguas limpias.

Tras la construcción del castillo se fueron arremolinando las casas. La fortaleza iba ganando en importancia hasta el punto que a finales del siglo XIII fue tomada nada menos que por María de Molina con el objeto de capturar al rebelde Juan Núñez de Lara.

Pocos siglos después, Ampudia tomó partido por la causa comunera y posteriormente sería usufructuado el señorío de su fortaleza por distintas familias de la aristocracia castellana, entre ellas los opulentos y siempre tan actuales duques de Alba. Fue precisamente entre los muros del mencionado castillo donde se decidió el traslado de la Corte desde Valladolid a Madrid.

Su casco urbano muestra la configuración característica de las villas de la Tierra de Campos, con dos calles principales porticadas que la recorren longitudinalmente. Las viviendas son de una altura, con entramado de madera y paredes de adobe, por lo general encaladas.

Llama la atención la naturaleza de los fustes que sostienen tanto soportal: los hay pétreos y de madera, tallados y sin tallar, de formas redondeadas o más angulosos, incluso algunos alzados con ladrillo… Éstos se aferran sin transición a los travesaños de las casas, aquellos por medio de zapatas (cuyo patrón igualmente varía).

Apenas se ven balcones, abunda la sencilla y estrecha ventana. La villa es un prodigio de verticalidad a la sombra del cerro que sustenta su castillo; solamente la torre de la colegiata descuella sobre los tejados teñidos de ajado bermellón.

Foto Vía: Antonio Torres Ochoa

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