El Palacio de la Cotilla y el Salón Chino en Guadalajara

Haciendo parada en la ciudad de Guadalajara, situada en Castilla la Mancha, podemos encontrar grandes rincones que merecen ser visitados y contemplados con detenimiento, como monumentos religiosos, castillos o palacetes.

El Palacio de la Cotilla es una preciosa construcción que data del siglo XVII, sabido gracias a las columnas que aún aguantan en pie en el patio interior, con un estilo alcarreño muy marcado.

Así pues, ya hacia el siglo XIX existen varios documentos que acreditan que la propiedad estaba a manos de los marqueses de Villamejor, Ignacio Figueroa y Ana de Torres. De este mismo periodo también se conserva el Salón Chino, decorado con papel de arroz pintado como mandaba la dinastía Qing, que da un valor incomparable a todo el conjunto en general.

Asimismo, en la actualidad y tras haber sido restaurado, en la primera planta del Palacio de la Cotilla se puede visitar el Salón Chino, de impactante estilo burgués, que dejará perplejo a cualquier visitante que por allí se deje caer, ya que a cada paso por el amplio salón irán descubriendo las curiosidades de la presencia china en Guadalajara. Cabe mencionar que, hoy en día, el Palacio de la Cotilla así como el Salón Chino son propiedad del municipio, y en él se imparten clases y talleres artísticos.

Una vez dentro de este majestuoso palacio, al que se puede acceder por una escalera noble y de gran tamaño situada en el recinto, o bien por el ascensor que ahora ya dispone el edificio, encontrarán un amplio balcón que da a la plaza, así como diversas puertas que acceden a las habitaciones, donde hace siglos vivió el Conde de Romanones, hijo de los marqueses de Villamejor.

Del mismo modo, en la parte exterior se encuentra una fachada de muros nobles, combinados con ladrillos y piezas de piedra caliza. Un gran portón de estilo barroco invita a entrar, con un escudo de armas de los Torres.

Tras la muerte de el Conde de Romanones, el palacio pasó a ser propiedad de su hija, Marta Figueroa O’Neil, que tras su muerte en 1968 y sin descendencia, dio legado del palacio a su sobrino Jaime Figueroa Castro, que por falta de pagos y deterioro, le fue retirado para ser lo que actualmente es, centro de enseñanza y cultura.

Foto vía: skyscrapercity

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