Ruta por la costa oeste de Ibiza

Cala Aubarca

Cansados que nos hablaran de la Ibiza del desenfreno y la diversión, cogimos el coche y pusimos rumbo a la costa oeste de la isla. Es lo mejor que se puede hacer cuando uno quiere salir del estereotipo de playas, piscinas de hotel y discotecas. Ibiza no es en exclusivo un rincón de bailes y luces de neón hasta el amanecer. Eso es lo que quisimos certificar, y a fe que lo conseguimos.

Os hago un pequeño resumen de los enclaves que visitamos en nuestro recorrido. Lo mejor en la isla es alquilar un coche y perderse por sus pequeños pueblos de fachadas blancas. Desde el mismo centro de Ibiza hasta Santa Gertrudis de Fruitera apenas hay diez kilómetros. Una distancia muy corta pero en la que ya notas la diferencia del bullicio. En Santa Gertrudis el turismo es más liviano, más apacible.

Es un rincón con encanto, pequeño, de arquitectura tradicional. Como la de su iglesia parroquial, construida en el siglo XVIII, que se pierde en el vericueto de sus calles y callejuelas. En muchas de estas calles se han montado pequeños talleres en los que comprar lo mejor de la artesanía local.

Más al norte encontramos Sant Mateu d’Albarca, enclavado en el valle del mismo nombre. Allí veremos otra iglesia parroquial del siglo XVIII y, esta vez sí, algo más de turismo. Sobre todo por la cercanía de la preciosa y pintoresca Cala Aubarca, una de las más bonitas para mí de toda la isla ibicenca.

Nos desviamos hacia el oeste de Sant Mateu d’Albarca hasta llegar a Santa Agnes de Corona, otro de los rincones con encanto que están totalmente alejados de lo que es el bullicio turístico de la isla. El placer de lo apacible y natural os espera en este pequeño pueblo. Lo curioso del caso es que apenas estamos a diez kilómetros al norte de Sant Antoni de Portmany, uno de los lugares más bullangueros de Ibiza.

Podéis pasar una noche en Sant Antoni si os place la diversión, porque hay de todo. Ambiente para los más tranquilos, con restaurantes, pequeños bares de copas, terrazas, etc… y discotecas y otros locales de fiesta para los que se quieran soltar el pelo y bailar hasta el amanecer. También hay pequeñas playas y calas a su alrededor para venir en familia y darse un chapuzón de sol y Mediterráneo.

De Sant Antoni a Sant Josep de Sa Talaia no hay más de diez kilómetros. Lleva el nombre del monte que le sirve de horizonte y de atalaya que, aunque apenas cuenta con 475 metros de altitud, es la cima más elevada de la isla. Es un lugar perfecto para acabar nuestra pequeña ruta, a los pies de la blanca fachada de su iglesia parroquial, construida en el siglo XVIII.

Foto Vía Blue Charter

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