El Monasterio de la Rábida, santuario de la Hispanidad

El Monasterio de la Rábida

En la provincia de Huelva, a 4 kms. de la ciudad de Palos de la Frontera, muy cerca del Océano Atlántico,  se encuentra el Monasterio de Santa María de la Rábida, conocido popularmente por el Monasterio de la Rábida, declarado Monumento Nacional en el año 1856. Primer Monumento Histórico de los Pueblos Hispánicos en el año 1949, la Medalla de Oro de Andalucía le fue otorgada por la Junta en el año 1992, y así mismo, merecedor excepcional de ser considerado Patrimonio de la Humanidad.

Este pequeño convento franciscano fundado en los siglos XV-XVI, se ha convertido en imagen y símbolo de uno de los más grandes acontecimientos de la historia de la humanidad. Entre sus muros se gestó un hecho histórico de gran trascendencia que transformaría el mundo y el rumbo de la historia: el Descubrimiento de América.

Lugar de paso de fenicios, romanos, árabes y visigodos, y fortaleza defensiva contra los frecuentes ataques piratas, fue tras la conquista cristiana en el siglo XIII, perteneciendo por entonces a los caballeros Templarios, cuando cuenta la tradición que llegó san Francisco de Asís acompañado de doce discípulos para fundar en el lugar un pequeño y humilde convento franciscano.

Pero es a partir del año 1485 cuando el monasterio adquiere gran importancia y protagonismo, con la llegada de Cristóbal Colón, quien encuentra en el mismo refugio espiritual y apoyo en los frailes que moraban en La Rábida.

Las figuras de los frailes Antonio de Marchena y Juan Pérez fueron decisivas para la consecución del proyecto, presentándole a Martín Alonso Pinzón, rico armador de la zona, quien le presta ayuda económica, le recluta hombres y se embarca de pleno en la empresa, convirtiéndose en codescubridor de América. Así como en la intercesión ante la reina Isabel La Católica de fray Juan Pérez, prior del convento y su confesor, para que reconsiderase su negativa decisión y le prestase todo el apoyo moral y económico necesario para navegar en busca de las Indias.

El edificio es de planta irregular y de estructura externa medieval, en el que caben destacar la Iglesia, el Claustro y la Sala Capitular.

La Iglesia, de estilo arquitectónico gótico-mudéjar, conserva restos de la época almohade y de decoración al fresco en sus muros, de finales del siglo XV, artesonado mudéjar reconstruIdo en el siglo XIX y una excepcional talla del Crucificado, capillas laterales con azulejería sevillana y restos de pinturas al fresco en sus paredes, del siglo XVII.

En el Altar Mayor se encuentran los restos de Martín Alonso Pinzón, fallecido recién llegado de las Américas. Es destacable la Capilla de Santa María de la Rábida o de Nuestra Señora de los Milagros, ubicada en una de las torres de defensa musulmana, incorporada al templo mediante un arco rebajado en el siglo XIX. La imagen de la Virgen es una pequeña talla del siglo XII, pertenEciente al gótico pirenáico, de gran valor artístico, histórico y religioso.

El Claustro, de estilo mudéjar, del siglo XV, es de gran valor arquitectónico, con trozos de decoración mudéjar al fresco en los muros de sus cuatro galerías, completados modernamente en el mismo estilo. En los laterales están la Sala de Conferencias, donde cuenta la tradición que tuvieron sus encuentros Cristóbal Colón y fray Juan Pérez, y el Refectorio, sala cuadrangular con un púlpito encalado, un crucificado de estilo románico, de finales del siglo XIII, y lienzos de diferentes épocas.

La Sala Capitular, cuadrangular y de aspecto sencillo, es la celda más grande del monasterio, reconstruIda en el siglo XVII. Cuenta con un estupendo artesonado de madera del siglo XVIII, que según parece fue la celda de fray Antonio de Marchena y lugar de distintas reuniones colombistas. La sala está decorada con varias obras de arte referente a personajes históricos del descubrimiento.

Otros lugares interesantes del monasterio son la biblioteca, que guarda importantes documentos históricos, el patio, adornados con muchas plantas y flores, y en las salas colindantes, los frescos pintados por Daniel Vazquez Díaz, en 1930, con diferentes motivos del descubrimiento y de la vida del navegante.

foto primera vía: esacademic

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