Pueblo Viejo de Belchite, restos de una guerra

Pueblo viejo de Belchite

Belchite es una ciudad fantasma símbolo de lo ocurrido en España durante la Guerra Civil. Su importancia estratégica como entrada natural hacia Zaragoza, hizo que se convirtiera en el escenario de una cruenta batalla que destruyó por completo el pueblo. La Guerra redujo el pueblo a escombros por lo que se tuvo que construir un pueblo nuevo al lado del antiguo derruido.

Paseo por el Pueblo viejo de Belchite

Así, el llamado Pueblo Viejo de Belchite está durante gran parte del año, duramente desolado, abandonado por la administración durante demasiado tiempo. Cada día el pueblo cambia de paisaje, y es que desaparecen, se caen antiguas edificaciones que no han sido consolidadas en sus estructuras.

En un paseo por el pueblo todavía podremos ver la estructura urbanística en su conjunto y los edificios más llamativos con gran interés arquitectónico. Podremos destacar en su trazado viario los enormes arcos de entrada al pueblo. Todavía queda en pie el arco de la villa, una construcción barroca del siglo XVIII y el arco de San Roque, el cual destaca porque contiene capillas como elemento protector ante lo de afuera. La calle mayor es quizás la mejor conservada de la población y allí podremos ver las fachadas de las viviendas en ladrillo y adobe con sus respectivos arcos de medio punto para las entradas y típicas galerías superiores con características marcadamente renacentistas del Aragón.

Pueblo viejo de Belchite

Desde la calle principal aún se puede acceder a los monumentos que quedan en pié. Por un lado podremos ver, por ejemplo, el Convento de San Agustín, orden que se estableció en el municipio a finales del siglo XVI y de su presencia aún se conserva la iglesia que tiene como elemento principal la mezcla de barroco y neoclásico en sus formas. Se distingue aún la planta de cruz latina.

Otro monumento a visitar es la iglesia de San Martín de Tours, el edificio de mayor calidad artística de Belchite. Se muestran estilos desde el mudéjar del siglo XIV en su ábside poligonal y la torre de tipo alminar almohade. Su transformación vendría en el siglo XVI, en la que se recreció la nave con una típica galería aragonesa superior de arcos del Renacemiento. También en el siglo XVII se añadieron algunos elementos barrocos.

Otros monumentos a ver son el Convento de San Rafael y la Torre del Reloj, lo único que queda de la antigua iglesia de San Juan, de estilo mudéjar.

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