Monasterio de San Juan de la Peña en Huesca

Monasterio de San Juan de la Peña

Imaginaros que os llevamos a la cuna del Reino de Aragón, allá por el siglo XI-XII. Sería un viaje que nos trasladaría mil años atrás, en medio de grandes batallas y escaramuzas, intrigas palaciegas, conquistas y reconquistas, enormes Cruzadas. Ese viaje lo podéis hacer vuestro si os acercáis con nosotros al Monasterio de San Juan de la Peña, en la provincia de Huesca.

Colocarnos a sus pies será sacar la cámara de fotos en un mismo momento. El Monasterio se halla como acabado de salir de la roca que lo protege. Como os decíamos, diez siglos atrás fue la cuna del reino cristiano aragonés y panteón de sus primeros reyes. No sólo es espectacular y de notable belleza el conjunto arquitectónico, sino que los parajes que nos rodean son de enorme importancia por su flora y fauna.

Llegamos hasta él a través de la carretera A-1205 que enlaza Jaca con el pantano de la Peña por el puerto de Oruel hasta la localidad de Bernués, donde se toma la desviación hacia el Monasterio Alto. También se puede tomar la que comunica con Santa Cruz de la Serós, en la carretera N-240 de Jaca a Puente la Reina, con desvío a 9 kilómetros de Jaca.

La primera visita nos deja en el Monasterio Antiguo, una auténtica maravilla del románico en el que se respira ese viaje al corazón de los siglos. La Iglesia Baja se consagró en el año 920 y se sitúa en la parte inferior del recinto. En el 1071 el monarca aragonés Sancho Ramírez donó el monasterio a los reformistas cluniacenses, quienes ampliaron la primitiva iglesia mozárabe con la Iglesia Alta, cubierta en parte por la roca.

Junto a la iglesia se halla el panteón de los nobles, con dos filas de nichos de indudable belleza y un espíritu nostálgico impresionante. Para deslumbrarnos y no parar de hacer fotografías es el claustro, de mediados del siglo XII, con bellísimos capiteles labrados por el Maestro de San Juan de la Peña, obra cumbre de la talla románica española.

El Monasterio Alto está situado en mitad de la pradera de San Indalecio, construido entre 1693 y 1705. Hoy en día, desgraciadamente, a excepción de la iglesia, está un tanto en ruinas. Desde la pradera de San Indalecio, por una pequeña carretera que parte en dirección norte, podemos llegar hasta el balcón de Pilatos, un pequeño mirador desde el que se puede ver una maravillosa panorámica del Pirineo.

Autor: Jose Manuel Vargas
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