Castrillo de los Polvazares, el homenaje a la piedra

Una de las sorpresas más gratas que nos suelen deparar los viajes, es el regreso a tiempos pasados. No siempre fueron mejores, como dice la frese hecha, pero en muchos casos sÃ.
Es el caso, por ejemplo, de la comarca de La MaragaterÃa y, más concretamente, de una de sus enseñas: Castrillo de los Polvazares. Es una puerta abierta al pasado que sabemos que no es real cuando vemos los carteles de restaurantes y casas rurales, o los coches aparcados en alguna de las calles de la localidad. Es el único agarre a la realidad que nos ofrece la localidad leonesa que se conserva prácticamente intacta desde sus orÃgenes.
Castrillo es un homenaje constante a la piedra. Todo a nuestro alrededor está construido en piedra: edificios, iglesias, fuentes, calles. Su perfecto empedrado castiga a los turistas intrépidos que acuden con calzado de paseo, pero la belleza del entorno justifica la penitencia.
Conjunto Histórico ArtÃstico de alto valor monumental desde 1980, las casas señoriales y sus escudos en la fachada principal amenizan el recorrido por una localidad que hace 50 años estaba olvidado y medio abandonado y que vivÃa del recuerdo de lo que habÃa sido y en donde por sus empedradas calles se oÃa, de tarde en tarde, el traqueteo de los carros. Ese olvido hizo que no se construyera nada nuevo y eso lo acabo convirtiendo en una reliquia de la arquitectura maragata.

En ese salto del ostracismo al brillo turÃstico también influyó Concha Espina. La escritora ubicó en la localidad maragata -a la que ella llama Valdecruces- su novela La Esfinge Maragata. René Clair, cineasta francés, también quedó embrujado por el pueblo berciano y allà vivió hasta su muerte. La visita es rápida, pero tiene varios altos imprescindibles. El Cristo de abajo, una talla de madera incrustada en la pared de piedra nos recibe al pie de la calle Real en nuestro discurrir hacia la plaza Mayor. Pasaremos ante la casa de Concha Espina, la iglesia y la ermita que se asientan a ambos lados de la calle Real, una Gran VÃa a la antigua usanza.

Su proximidad a Astorga, capital de la comarca situada a poco más de cinco kilómetros, hace que la dependencia de la localidad con su capital sea máxima. Para el turista, las opciones de alojamiento y restauración son escasas, pero suficientes como para disfrutar, en el mejor entorno posible del famoso cocido maragato, una experiencia irrepetible.
Castrillo de los Polvazares es la población más representativa de la comarca maragata declarada Conjunto Histórico-ArtÃstico gracias a su buen estado de conservación.
Castrillo era un pueblo arriero que alcanzó su esplendor en el siglo XVIII.