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En el año 2003 la UNESCO declaró a las Tierras del Miño como Reserva de la Biosfera. Un amplio espacio situado en el centro norte de la provincia de Lugo, un paraje sin igual de frondosos bosques, afluentes, pequeñas charcas y hermosos pueblos que, abrigados por la niebla, representan uno de los mayores placeres para los sentidos.

Laguna de Fonmiña

Iniciamos nuestra ruta en Meira, con su Monasterio de Santa María que domina la población, con su impresionante rosetón en la fachada, lugar donde nace precisamente el río Miño. A dos kilómetros de Meira encontramos el Lagoa de Fonmiñá, un hermoso parque recreativo con pasarelas peatonales para rodearla, con el monumento al Padre Miño. Aquí el Miño se hace lento, perezoso, con preciosas curvas. Y llega así al Castro de Viladonga (nosotros lo seguiremos por la N-640, siempre hacia el suroeste), un poblado galaico-romano que podemos visitar en julio y agosto de 10.00 a 21.00 horas, de marzo a junio y de septiembre a octubre de 10.00 a 20.00 horas, y de noviembre a febrero de 10.00 a 19.00 horas.

Desde Viladonga proponemos retroceder 2 kilómetros por la nacional hasta el desvío a Castro de Rei, una pequeña población que gira en torno a su iglesia, de piedra menuda. Atravesando el puente del pueblo, encontramos el desvío a Bazar, una pradera artificial idílica, donde pastan, entre el hermoso verdor, vacas y cabras bajo el sonido celeste del Miño. Desde la pradera vemos al fondo las Lagoa de Cospeito, reserva natural de gran interés para la observación de sus aves migratorias.

A pocos kilómetros se alza Feira do Monte, capital de Cospeito, con las iglesias casi desiertas de Lamas y Bestar. Junto a ella, Bonxe, lugar donde nos pararemos para comprar las piezas de barro de su conocido alfar, considerado el más antiguo de Galicia. Y desde allí observaremos la preciosidad de las Insuas do Miño, con sus bosques inundables cuando crece el curso del río, y sus pasarelas que permiten el acceso a las islas.

A partir de aquí, el Miño se pierde por Outeiro de Rei, con su bella Iglesia de Santa Isabel, y por la cercana población de Friol, donde nos pararemos en las Penas Rodas, dos enormes bolas graníticas producto de la erosión del río, hoy parque recreativo pefecto para el almuerzo campestre. O bien, cerca de aquí, visitaremos el Centro Avifauna, abierto de martes a domingo de 11.00 a 13.30 horas, y de 16.00 a 19.30 horas. Una vez en Friol, continuamos el curso del Miño hasta San Paio de Narla, en cuyo Castillo podemos visitar la sección de armería del Museo Provincial de Lugo.

A 4 kilómetros de aquí, el Miño se cruza con su afluente Mera, una estampa preciosa. En ella podemos preguntar por la Aula da Natureza y realizar alguna de sus hermosas rutas de senderismo, para poder conocer Santa Baia de Bóveda, un balneario del siglo IV, donde podremos tomar un baño, aunque el agua, aviso para navegantes, está helada incluso en agosto.

Ponte de Neira

A 8 kilómetros de aquí se encuentra la imponente y amurallada Lugo, Patrimonio Mundial de la UNESCO. Encaramada en lo alto de una colina, parece vigilar como una madre el transcurrir del Miño. Lugo presenta, junto al río, otro precioso balneario, muy romántico, que acoge en su interior restos romanos, que invitan a un agradable paseo. En él se encuentra el Centro de Interpretación de las Terras do Miño, oficina de información de todas las rutas que podemos seguir a través del río.

Dejando un poco atrás ya Lugo, llegamos al Mazo de Santa Comba, insertado en el bosque lucense. Una especie de choza de madera junto al río Chamoso, con un molino de dos piedras, que antiguamente servía de herrería a la ciudad de Lugo. Desde aquí se suceden varias aldeas, pequeñísimas, algunas de ellas de un par de casas o tres como mucho, con el concierto del agua como único ruido de fondo, y un verdor desaforado, destacando A Fervenza, con una hermosa casa del siglo XVII, y un antiguo molino.

Llegamos ahora a Ponte de Neira, un hermoso paseo arbolado de origen medieval, que nos deja ver, entre las ramas secas de los árboles, el cauce enroscado del Miño. Cerca de allí, el pequeño pueblo de San Vicente de Carracedo, con su hermoso puente sobre el río, provisto de dos arcos, lugar de donde, curiosamente, procedían los abuelos de Fidel Castro. Y un poco más allá, Baralla, otro pequeñísimo pueblo blanco, dominado por el Miño, fin de nuestra hermosa ruta.

Así pues, si quieren vivir una hermosa ruta jalonada de verde, espesos bosques, afluentes y grandes notas musicales de agua, no os perdáis la Ruta de las Terras do Miño, un lugar mágico y sobrenatural.

Más información en www.terrasdomino.org


  1. [...] humanidad que no merece mayúsculas ha amenazado apenas nada este sendero. Dicen que el plan es de alargar la senda durante casi 100km, a lo largo del Miño. Sabroso plan, pienso, mientras bajo hacia la orilla [...]

    Pingback por 10 años, 3 lugares (y III) « Spanjaard
    09-10-2009 @ 7:38 am