El Caganer y el Cagá Tió, Navidades en Cataluña

Caganer

Una de las tradiciones navideñas más curiosas se puede encontrar en Cataluña, donde la idea de las vacaciones parece animar a algunos a participar más de la cuenta en algunas de las funciones corporales más básicas. Porque casi tan famoso como el Niño Jesús, y espero no caer en ninguna herejía con lo que digo, es la figurita del Caganer, uno de los elementos más queridos por los catalanes.

¿Qué es el Caganer?

El Caganer es una pequeña figurilla que representa, para que nos entendamos, a una persona en cuclillas bajándose los pantalones, o la falda, según se tercie, respondiendo a la llamada de la naturaleza más humana. Su origen se remonta al siglo XVII, y a menudo, se encuentra escondido en alguno de los rincones más oscuros de la Navidad.

Algunos dicen que la figurita se hizo popular inicialmente entre los agricultores que creían que el Caganer ofrecía el abono indispensable para que el suelo se hiciera rico y productivo para el próximo año. Otros argumentan que la figura del Caganer estaba destinada a añadirle el lado más humano a la representación del misterio de la Navidad.

Los niños pequeños siguen jugando a buscar el Caganer en el portal de Belén, aunque para muchos el lugar elegido siempre suele ser debajo de algún puente, detrás del pajar o en otro lugar discretamente oculto, ya que se consideraría una falta de respeto ponerlo cerca de la escena principal del pesebre.

Un Cagá Tió casi gigante...

El Caganer suele ser una figurita de madera o arcilla y en la mayoría de los casos representa a un campesino catalán con su sombrero de color rojo tradicional, su barretina y fumando una pipa o un cigarrillo. Sin embargo, hoy en día podemos ver figuras de Caganer de cualquier forma y estilo, e incluso personajes famosos de la vida social.

¿Qué es el Cagá Tió?

Otro elemento tradicional de las navidades catalanas es el conocido como Tió Nadal, también llamado Cagá Tió. Suele medir unos 30 centímetros, y representa un pequeño tronco de árbol con patas y una cara sonriente, coronada con una versión en miniatura de la tradicional barretina.

A partir del 8 de diciembre, día en el que la fiesta de la Inmaculada Concepción da paso a las Navidades propiamente dichas, al Cagá Tió se le alimenta de dulces, frutos secos, higos y turrones todas las noches, acostándolo luego con una mantita. En la víspera de Navidad o el mismo día, en función de la familia, uno de los extremos del Cagá Tió se coloca boca abajo para que haga sus necesidades de todo lo que ha comido estas navidades.

Para acelerar y ayudar a la tremenda evacuación que debe realizar el pobre Cagá Tió, los niños suelen cantar canciones y gritan con palos ¡¡¡ Cagá Tió, Cagá Tió !!!… sobre todo cuando comienzan a mostrar algo de impaciencia. Entonces alguien toma lo que ha depositado Cagá Tió y se comparte con todos los presentes.

Por supuesto, si el Cagá Tió nos dejara con hambre, siempre existe la posibilidad de ir corriendo a alguna de las pastelerías que en Cataluña, por estas fechas, hacen unos dulces exquisitos.

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