Artá, historia y paisaje en Mallorca

Artá

Artá es de las pocas zonas de las isla de Mallorca y de España en general que contiene zonas vírgenes. Sus edificaciones armonizan con la belleza de la costa que en muchas zonas se mantiene virgen y rodeado de un paisaje rural donde las edificaciones a pie de costa armonizan con la belleza del extremo.

En el primer desvío a la derecha en la salida de Artá a Capdepera, señalizado tras la abandonada estación del ferrocarril, podremos ver los restos talayótico de Ses Païses, lo cual indica que esta zona está habitada desde hace milenios. Lo mismo nos indican los pequeños guerreros de bronce, de los siglos V a II a.C., que se guardan en el Museo Regional (situado en la plaza del Ayuntamiento).

Ya en el siglo XIV, hacia el año 1302, el rey catalán Jaume II utilizó la zona, muy agreste, como cazadero, donde lo repobló de jabalíes, ciervos, cabras y faisanes.

Otro de los atractivos de la zona de Artá es el castillo de Sant Salvador, recinto de murallas en la cima del monte al piel se ubica Artá y que se data del siglo XIII. En el interior del castillo se encuentra el Santuario de la Virgen de Sant Salvador, bello paraje.

En la calle Ciutat podremos ver la “Ca Na Batlesa”, centro cultural en el que se ubica el centro documentación Miquel Barceló, lugar en el que se nos informa sobre su vida y su obra, muy conocida en el extranjero. En las calles como el de la Ciutat, podremos disfrutar de muchos y bellos edificios señoriales que se ejemplifican perfectamente con la visita a la Cas Marqués.

Si nos dirigimos hacia 9 kilómetros al norte de Artá podremos ver la ermita de Betlem, del año 1805 y que se encuentra próxima a la Colonia de Sant Pere, desde el cual podremos disfrutar enormemente del bello paisaje que se nos ofrece. Si vamos un poco más al oeste veremos enigmáticas formaciones de una necrópolis talayótica: Son Real.

En fin, viajar a Artá es, por un lado, retroceder hasta ver toda la historia humana de la isla de Mallorca. También podremos disfrutar del presente y disfrutar de sus playas, su pequeño núcleo urbano y, sobre todo, del paisaje, ese paisaje que nos hace quedar embobados durante un rato, ese paisaje que nos invita “maliciosamente” a quedarnos para el resto de nuestras vidas en estos parajes que, por suerte, no están turísticamente masificados todavía.

Tags:

Imprimir


También te interesará...

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top