Extremadura, tierra de sensaciones

Imagen Campaña Extremadura

¿Cuándo viajas? ¿te gustan los paisajes en flor, los pueblos y ciudades que transpiran Historia, vivir las sensaciones que desprenden rincones de España que parecen perdidos en el tiempo? volved un momento la vista a España, permitíos el lujo de perderos dos días, o tres, o cuatro, da igual, del estrés diario, y dirigid vuestro coche, o tomad el tren, y recorred Extremadura.

“¿Extremadura? ¿en estas fechas? ¡qué calor!” os diréis. Bien lo sé, porque fue el primer pensamiento que acudió a mi cabeza cuando decidí visitarla hace ya 3 años por estas fechas. Pero dentro de mí surgió esa pequeña vocecita que siempre me invita a viajar, a conocer nuevos lugares, a probar nuevas experiencias.

“¿Y por qué no? a fin de cuentas es mayo (o principios de junio) y aún las flores están abriéndose. A fin de cuentas “las calores” no han llegado. Y yo, viajero como soy de lugares históricos, de ciudades que tienen cosas que contarnos, no podía negarme a pisar tierra de conquistadores; a ver Trujillo, ciudad de Pizarro, a hacer el camino hasta el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, a aspirar y suspirar entre las abigarradas piedras de la vieja ciudad medieval de Cáceres, a acercarme al Monasterio de Yuste cruzando las colinas que un día, en andas, cercano ya a su muerte, recorriera Carlos I.

No podía negarme a ver el Valle del Jerte y plasmar en mi recuerdo y en mi corazón la enorme visión de los cerezos en flor, pura maravilla de la Naturaleza, explosión de color y olor, lienzos blancos que daban ya sus últimos tañidos en espera de un nuevo año. Ni a probar el exquisito jamón de la Dehesa en el célebre Figón de Eustaquio en el centro de Cáceres o el quesito de las tortas del Casar y los licores de frutas del Valle del Jerte. ¿Calor? sí, ¿y qué? cuando siempre podemos refrescarnos tomando un nutritivo y fresquito gazpacho extremeño.
Ya os hablé hace un tiempo de Cáceres, de cómo volví encantado de allí, de la tranquilidad que allí se respira. Lo hice hablándoos de la Cáceres medieval y de la Cáceres histórica. Pero de allí, durante siete días, recorrí cuanto os he dicho, Trujillo, Plasencia, Guadalupe, Yuste, Jarandilla de la Vera… amparado por la amabilidad y familiaridad de sus gentes.

Sólo me queda dejaros para el fin un lugar y un momento: Mérida, la Emérita Augusta de la que nos hablaban nuestros libros de Historia. Mención aparte para un sitio histórico, capital de la antigua Lusitania, cuyos restos arqueológicos le otorgan un valor incalculable y una belleza digna de aquella época romana en la que fue grande de Hispania.

¿Calor? sí, mucho, pero cuando volváis a casa, seáis vascos, catalanes, gallegos o andaluces, como yo, ya también seréis un poco extremeños. A fin de cuentas, todos, un poquito, Somos Extremadura.

Print Friendly, PDF & Email




Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top