Semana Santa de Malaga

Semana Santa de Malaga

Hoy muchas buscan sus itinerarios de procesiones. La Semana Santa de Málaga es una de las más conocidas en España. Podríamos mencionar otras localidades, como las de Granada, las de Valladolid, o la Semana Santa de Sevilla, de gran valor histórico, pero la malagueña se caracteriza, sobre todo, por la riqueza de sus tronos y la belleza y el tamaño de los mismos. Además, se diferencia de la gran mayoría, en que mientras en aquéllas, los tronos sueles ser llevados por costaleros que se meten bajo la mesa del trono, las de Málaga,, llevan una serie de varales exteriores lo que les confiere un andar a las imágenes mucho más natural y armónico.

Es una semana grande, de pasión, de fervor, pero también de mucha alegría. No muestran ese recogimiento sobrecogedor que ofrecen las cofradías castellanas, sino que son, dentro del respeto apropiado, mucho más alegres y populares.

Las cofradías se integran mucho más con su pueblo, con los malagueños, y quitando el recorrido oficial, a su paso por los barrios, las gentes aplauden, y gritan con fervor a su Cristo o su Virgen. No es raro ver a espontáneos salir al paso a cantar saetas, o que lo hagan desde un balcón, como tampoco es raro ver caer los claveles desde las terrazas, o los muchos penitentes que llevan detrás.

No nos podemos ir de Málaga sin ver al Cautivo, el Señor de Málaga, “andando” por el puente de la Aurora, como un día lo hiciera sobre las aguas del Tiberíades. Ni podemos dejar de estar en la llamada Tribuna de los Pobres mientras pasa la virgen del Rocío, “la Novia de Málaga” por su blanca e inocente imagen.

Tampoco podemos dejar de asistir a los cruces y encuentros de tronos en las calles, ni a la bendición de Jesús Nazareno del Paso, ni a esos momentos en que la gente suelta palomas mientras le gritan “guapa” a la Virgen de la Paloma.

No podemos dejar de entrar en la catedral de Málaga y asistir sobrecogidos a la Estación Penitencial de algunas de las cofradías que allí entran. O pararnos en calle San Agustín, como detenidos en el tiempo, para en aquel entorno medieval y con la torre de la Manquita de fondo, ver pasar a nuestra procesión.

Tampoco podemos dejar de comer las manzanas caramelizadas, ni asistir a la madrugá y desayunar con un buen chocolate con churros.

No podemos dejar de acudir al barrio del Perchel a perdernos junto con los vecinos por sus callejuelas siguiendo al Chiquito, el Cristo de la Misericordia.

Ni asistir al encierro de la Zamarrilla en su ermita; o al del Rescate en su capilla del Agua; o al Prendimiento en su barrio capuchino…

Hay mucho por ver. Hay mucho por sentir. Es Málaga, puro sentimiento, pura alegría, puro fervor… Es la Semana Santa, la nuestra. La Semana Santa de Málaga, la Pasión del Sur.

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