La poción mágica de la queimada

Queimada gallega

Hay dos típicas bebidas espirituosas en Galicia que, enfrentadas al duro trance de sobrevivir a los tiempos modernos, con su lógica de libre mercado y competencia atroz, no sólo han respondido de forma positiva a los desafíos del siglo XXI sino que han llevado su éxito hasta límites insospechados.

Vamos, que han conectado a las mil maravillas con las nuevas generaciones, hecho clave para el mantenimiento de las añejas tradiciones que nos legaron nuestros antepasados. Nos referimos, como alguno acaso ya habrá imaginado, a la queimada y al licor café. Al licor lo dejaremos, si tal, para otro día, no sea que tanto alcohol se nos suba a la cabeza.

¿Qué es la queimada?

La queimada es la poción mágica de los gallegos, el secreto de su personalidad, una especie de néctar casi divino que conecta con lo más íntimo y esencial de la cosmovisión galaica. En realidad, un antropólogo imaginario no dudaría en defender que el llamado a veces hecho diferencial gallego reside exclusivamente en la ingesta de queimada.

Esto casa muy bien con la folclorización de Galicia: al cabo la queimada, con su parafernalia, su ritual, su preparación, su conjuro, más que ser parte del folclore está folclorizada. Sin embargo, esto no le quita un ápice de trascendencia a la bebida, de la que nosotros mismos somos, para qué negarlo, ardientes (nunca mejor dicho) y apasionados defensores (y consumidores).

Entremos, pues, en materia. En esencia, ¿qué es una queimada? Aguardiente quemado. Aguardiente blanco, por dios, que todavía recordamos aquel amigo madrileño que, de vacaciones en Galicia, nos invitó a una queimada que iba a preparar él mismo. A nuestro ilustrísimo amigo, que seguramente es primo del iluminado que asó la manteca (esperemos que no lea estas líneas) no se le ocurrió otra cosa que ponerse a quemar aguardiente de hierbas, para más inri comprado en el supermercado (o sea, con una graduación insuficiente)…

Receta de la queimada

La queimada tiene un recipiente propio de barro cocido. Los ingredientes básicos son el aguardiente, el azúcar, los granos de café, y unas cáscaras de limón, de naranja o de ambos. A partir de aquí se entra ya en el terreno de la inventiva personal que, sin embargo, no debe caer en el vicio de un diletantismo de la imaginación (lo que nosotros hemos visto, en una ocasión, que un espabilado le echaba al aguardiente nos lo a vamos a callar por deferencia con aquellos de nuestros lectores que estén a punto de irse a comer).

Luego se le prende fuego. Es un espectáculo ciertamente de purificación y anonadamiento ver las llamas azules consumiendo el alcohol, mientras la noche crece a nuestra espalda. Es entonces cuando, remueve que remueve con un cucharón, al maestro de ceremonias acaso le dé por pronunciar un conjuro contra los malos espíritus.

  • Ingredientes
    • 1 litro de aguardiente
    • 150 gr. de azúcar fino blanco
    • La cáscara de un limón o de una naranja
    • Un puñado de granos de café
  • Elaboración
    • Verter en un recipiente de barro hondo el aguardiantes con el azucar, la cáscara y los granos de café.
    • En otro pequeño recipiente de barro, mezclas un poco de aguardiente con azúcar y le prendes fuego.
    • Cuando arda, intentar pasar ese fuego al recipiente de barro principal para que este prenda.
    • Con todo ardiendo ya, con el cucharón, también de barro, cogemos del fondo aguardiente con azúcar, y acercamos el cucharón al fuego que sale del recipiente con todo el líquido. Dejamos que el azúcar que va en el cucharón se caramelice y coja color tostado.
    • Una vez caramelizado lo del cucharón lo devolvemos al recipiente principal, y tomamos otro cucharón del fondo con aguardiente y azúcar, y hacemos el mismo proceso.
    • Así una y otra vez hasta que todo el líquido vaya tomando el color apropiado.
    • El proceso puede durar unos 15 minutos. Sabremos cuando parar cuando las llamas tengan un color azulado y se vayan apagando.
    • Importante: ¡no dejes que se queme todo el alcohol!
    • Servir en vasos también de barro.

Conjuros tradicionales

Lo del conjuro es una invención muy siglo veinte, que diría Ortega, pero la queimada conecta con usos y costumbre muy antiguas. Galicia es, o era, una sociedad rural, minifundista, densamente poblada (hace siglos). Con un clima que durante meses no da tregua. Por eso mismo, las fiestas que reforzaban los lazos colectivos tenían una importancia vital.

Así, a lo largo del año se sucedían las celebraciones: magostos, matanzas, antroidos o simples seranes. Toda celebración, en Galicia, se acompaña de una copiosa comida regada en litros de vino y aguardiente. Éste último, además, más allá de su carácter lúdico, antes se asociaba con una virtud terapéutica que tanto valía para curar un catarro como para tonificar una moral alicaída.

Señor, señor, qué sabios eran nuestros mayores.

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Foto de Alain Crespo

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