Momentos inolvidables de la Semana Santa malagueña

Momentos inolvidables de Semana Santa

Recuerdo desde la lejanía del tiempo, como, cuando bajaba al Centro y mientras pasaba por calle Granada justo después de pasar por la Plaza de la Constitución, notaba que se me pegaban los zapatos al suelo. La cera, y con ella, el recuerdo de los primeros tronos paseando por nuestras calles.

El primero sería la Pollinica la que como cada año inaugura nuestra Semana Santa de Málaga, y lo haría como siempre acompañada de niños.

Y de nuevo, un año más, la Semana Santa me regalaba momentos inolvidables; instantes que se te quedan clavados en la memoria y que en el preciso instante en que suceden te ponen la piel de gallina.

Cada uno tendrá los suyos propios, y todos tendrán ese rincón, ese día, esa calle, esa iglesia, esa mirada, ese sonido o visión preferido; ese olor y ese sabor específico, como el de las torrijas, dulce típicamente semanasantero.

Es el instante que cada año intentamos recuperar viéndolo en el mismo sitio y a la misma hora, por si vuelve a presentarse. Una vez al año solamente, pero se saborea como quien se toma un buen manjar, delicadamente y con mucho cuidadito; con ese miedo irreal a que pueda romperse o a que pueda no volver a producirse.

Este año, como el pasado, no podremos disfrutarla a pie de calle… maldita pandemia. Maldito virus. Y volveremos a ver las imágenes de personas hechas y derechas derramando lágrimas de dolor. Y muchos, los que no están tan ligados a todo esto, no lo comprenderán. No entenderán que es como si te arrancaran algo de muy adentro, el mismo corazón, el mismo alma.

Pero tras las lágrimas, tras las penas, siempre queda algo: la imagen, nuestra imagen devocionada (mi Cristo de los Milagros zamarrillero) diciendo que paciencia, que siempre estará ahí, en su ermita, en su iglesia, esperando. Y que el año próximo será diferente, y estará de nuevo, ahí, en las calles, entre su gente.

Mientras tanto, quedan los recuerdos. Esos que también dan vida. Los momentos inolvidables.

Sitios donde vivir la Semana Santa malagueña

Yo, como todos, tengo esos sitios que nunca puedo olvidar, y es por eso, que hoy me gustaría recomendaros, porque nunca deberíamos perdérnoslo.
En Málaga hay tres sitios donde realmente merece la pena ver las procesiones.

El primero, claro está, es nuestra Tribuna de los Pobres. Es la más popular, la más rica de instantes entrañables. A medida que las cofradías van bajando por nuestra calle más semanasantera, la calle Carreterías, el rumor va creciendo; la expectación parece que altera los corazones, y es justo cuando la punta del varal llega frente a la escalinata de la Tribuna cuando estalla el gentío: los aplausos, los gritos de «guapa, guapa»; esa saeta que cantan al paso o desde uno de los balcones, y claro, el eterno agradecimiento de los cofrades que mecen el trono al llegar ahí, y por qué no, los más lanzados (y abogo por ello porque es algo típicamente malagueño) los que levantan los tronos a pulso e incluso lo giran hacia el público y medio lo suben en los primeros escalones intentado acercar a sus imágenes al pueblo. Qué pena que tradiciones como ésta, tan malagueña, se vayan perdiendo.

Lo he vivido tanto entre el gentío, como bajo un trono durante muchos, muchos años. Y es algo que lo llevaré dentro siempre.

Otro lugar donde las cofradías se lucen, aunque por un sentido diametralmente opuesto al anterior, es en el interior de la Catedral. Allí, el respeto y la oración hacen acto de presencia. Todos callan. No se oye nada. Sólo los pasos de los portadores de tronos; sólo el tililar de las campanillas o el toque de la campana; sólo el orar del Obispo cuando la cofradía pasa frente al Altar Mayor. Y ese instante mágico y contemplativo es bellísimo en el momento de pasar estrechamente entre los bastidores de la Puerta del Patio de los Naranjos, o ya en el interior con el bellísimo alumbrado de la Catedral.

Virgen en el interior de la Catedral malagueña

Fuera, ya muy cerquita, una calle que me encanta es la calle San Agustín. Por desgracia pocas pasan por ella, dada su estrechez. Pero es precisamente esa estrechez y el entorno tan bonito de edificios de piedra la que hace el momento tan bonito. Un momento que hay que ver, por ejemplo, es el paso de la Hermandad de la Salutación por esa zona.

No nos olvidemos de los barrios; como el de la Trinidad (calle Carril, por ejemplo) al paso del Cautivo, el Señor de Málaga. O al final de calle Victoria, frente a la parroquia de San Lázaro con la Virgen del Rocío. O el barrio del Perchel y los callejones, con el paso del Chiquito, Jesús de la Misericordia, o… tantos otros.

Momentos especiales en la Semana Santa

¿Momentos? hay muchos, tantos, que me gustaría cada día ir recomendando sitios donde deberíais ir para ver y admirar. Pero dejadme deciros unos cuantos:

El encierro de los Gitanos, por la alegría de tantos y tantos que siguen a su Señor moreno.
La salida del Rescate de calle Aguas
El paso del Cautivo por el puente de calle Mármoles, con ese característico movimiento de su túnica (pero cuidado, debéis verlo de lejos, por ejemplo, desde el puente de los Alemanes).
La salida de San Pablo de la Virgen de la Salud el Domingo de Ramos
La bendición del Cristo de la Esperanza en la Tribuna de la Constitución
La suelta de palomas delante del trono de la Virgen de la Paloma, también en la plaza de la Constitución.
El cruce en la Alameda de Misericordia y Zamarrilla
– Por supuesto, los traslados de las imagenes a los tronos.

Son muchos esos momentos, pero como os digo, poco a poco os iré contando más.

¿Y para vosotros, qué momentos os parecen especiales? ¿qué otros rincones escogeríais para vivir con sentido nuestra Semana Santa?

Para saber más: celebración de Semana Santa en España.

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